El aliento del perro y del gato puede ser más o menos agradable, siguiendo un baremo individual y subjetivo de quien lo percibe, pero en ocasiones, son alientos que no pasan desapercibidos a casi ninguna «nariz» por poco sensible que esta sea. En muchas ocasiones, puede informar de la existencia de una enfermedad.

La causa más frecuente de halitosis es el depósito de sarro en las uniones gingivodentales. El sarro está formado por millones de bacterias que, activas, fermentan parte de los nutrientes de la dieta. Producen en dicha actividad malos olores que en ocasiones llegan a niveles difícilmente soportables.

Además, el sarro se calcifica, endureciéndose como placa dental difícilmente removible. En contacto con la encía, se produce inflamación y retracción de la misma. A un nivel más general, las bacterias pueden pasar al torrente circulatorio y depositarse en lugares distantes como las válvulas cardíacas o en los glomérulos renales, dando lugar a insuficiencias cardíacas, insuficiencias renales y otras.

La solución pasa por prevenir el depósito de sarro. Existen estrategias sencillas: limpiezas con pastas enzimáticas que inhiben la función bacteriana, geles, empleo de huesos de diseño especial a fin de aumentar la masticación, etcétera. Cuando la placa dental es abundante y está firmemente implantada, será preciso eliminarla mediante el empleo de ultrasonidos (limpieza dental)

 

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Un caso frecuente y grave se presenta en los gatos, con alteración gingival intensa, dolorosa y sangrante. En estos casos el olor es un signo evidente pero menor, en comparación con otros más preocupantes como los signos de dolor y rechazo al alimento, la apatía y el profundo adelgazamiento.

Otro caso curioso aparece en cachorros. Estos olores pueden indicar parasitosis por nematodos, es decir, las archiconocidas lombrices. Podrán presentar, además, estos cachorros caninos y felinos, adelgazamiento más o menos marcado, diarreas y otros signos incluyendo su ocasional aparición en heces.

Otra consecuencia de la halitosis es la producida por cuerpos extraños alojados en la boca. Con frecuencia acuden los perros con astillas de madera o huesos alojados entre los molares posteriores. Se encuentran desesperados, y con las «manos», hacen continuos e infructuosos intentos de eliminar el intruso atascado. Otras veces, el fragmento se podría haber clavado hiriendo la mucosa oral. Una exploración minuciosa, muchas veces bajo sedación, será imprescindible para la solución, que pasará por la necesaria extracción del objeto.

Pero no sólo los cuerpos extraños generan necrosis, infección y halitosis. Los tumores de la cavidad oral, que han ido creciendo inadvertidamente, llegan a ulcerarse, produciendo este tipo de olor. Además, estos tumores pueden provocar sangrado, dolor e incapacidad para comer adecuadamente, y no son raros a partir de los 7 años de edad. Nuestro consejo es que acuda al veterinario ante un mal olor, pues un examen en busca de la verdadera causa se hará imprescindible no solo para eliminar el mal olor, sino para restablecer la salud de la mascota.

Dentro de los olores metabólicos, los afrutados y olores a acetona nos indican distintos estadios de Diabetes Mellitus. En esta enfermedad, el nivel de azúcar en sangre llega a ser tan exagerado, que produce un olor perceptible y, además, aparecen otros síntomas como la polifagia (voracidad), polidipsia (sed muy aumentada) y poliuria (micción en grandes cantidades).

La halitosis, en definitiva, no solo afecta a nuestra relación con nuestro perro o gato, sino que es un claro síntoma de que algo no va bien. Ante el menor síntoma de halitosis consulta a tu veterinario. La prevención es la mejor y más económica de las soluciones.

 

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