A la mayoría de nosotros el invierno nos afecta negativamente; nos resfriamos, sufrimos las consecuencias de la lluvia, salimos mucho menos de casa, etc. Pero a nuestras mascotas también, y muy especialmente a los perros.

La vida de nuestros amigos perrunos discurre paralela a la nuestra y sus hábitos son consecuencia de los nuestros. Si salimos menos de casa, ellos también. Y de la misma manera sufren las consecuencias de esos interminables días de lluvia en los que, el contacto con la humedad, o el pasar más tiempo en casa les pasa factura.

El incremento de la humedad provoca que aquellos perros que padecen alguna patología de la piel (alergias, procesos infecciosos), sufran brotes recurrentes que cuesta mucho más controlar.

Por otro lado, aquellas mascotas que padecen alergias a los ácaros del polvo, ven incrementados los síntomas pues permanecen en casa mucho más tiempo del habitual y aumenta así el contacto con los ácaros. Por mucho que limpiemos el polvo y que creamos haber eliminado cualquier resto visible, los ácaros siguen ahí. En invierno ventilamos mucho menos y esto también tiene sus consecuencias.

¿Qué podemos hacer?

Contra los brotes alérgicos provocados por la humedad lo ideal es procurar mantener a nuestra mascota bien limpia y seca. Para ello, lo mejor es cubrir a nuestros amigos con un impermeable contra la lluvia y una vez que hemos llegado a casa, secarles muy bien con aire frio o templado, nunca aire caliente. Para aquellos procesos más recurrentes y que necesitan ser controlados de raíz, lo mejor es una buena sesión de peluquería para garantizarnos que un profesional se encarga de bañar a nuestro amigo con un buen champú de tratamiento, y de secarlo correctamente.

Esto también sirve contra los ácaros. Además, para este tipo de alergias hay que mantener un ritmo de salidas similar al del verano, así que lo ideal es armarse de valor, unos buenos abrigos y a salir de paseo y poner buena cara a los meses de invierno.

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